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Determinantes de la soledad no deseada en los adultos mayores: un análisis de factores psicológicos y sociodemográficos

La soledad no deseada en las personas mayores no es solo un sentimiento de tristeza pasajera; es una realidad compleja que se ha convertido en uno de los mayores desafíos sociales y de salud pública del siglo XXI. A diferencia de la soledad elegida (esa búsqueda de paz y reflexión), la soledad no deseada surge cuando existe una discrepancia entre las relaciones sociales que uno tiene y las que realmente desearía tener. Factores como las perdidas personales, deterioro de la salud, cambios sociales o el fin de la vida laboral, parecen converger en esta etapa de la vida, favoreciendo el aislamiento de las personas que lo padecen. Abordar este problema requiere una mirada que vaya más allá del entorno familiar; implica construir comunidades más empáticas y redes de apoyo vecinales que devuelvan a los mayores el sentimiento de pertenencia y utilidad.

La soledad en la vejez está asociada con el deterioro de la calidad de vida, por lo que es importante identificar los factores de riesgo de la soledad. Este estudio analiza los factores predictores de la soledad en los mayores de 65 años, centrándose en las variables sociodemográficas (edad, estado civil y nivel educativo) y en las psicológicas (sintomatología depresiva y desesperanza).

España es uno de los países con mayor esperanza de vida. Sin embargo, vivir más no siempre implica vivir mejor, y variables como la soledad afectan directamente a la calidad de vida de los adultos mayores1. Aunque algunas investigaciones señalan que una proporción considerable de los adultos mayores experimentan soledad, otros estudios sugieren que la prevalencia de la soledad en esta población podría ser menor2, 3. Recientemente datos de la Encuesta sobre Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa (SHARE) informan4 que la soledad afecta a entre el 14,1 y el 16,3% de los adultos mayores, observándose una mayor prevalencia en los países del sur y el este de Europa. En España, un estudio5 muestra que un 31,6% de las personas mayores no manifiestaban sentimientos de soledad mientras que un 68,4% de las personas mayores entrevistadas experimentaban en alguna medida sentimientos de este tipo. Aunque en su mayoría esos sentimientos de soledad eran moderados, en un 14,8% se podía calificar de grave o muy grave, concluyendo que los sentimientos de soledad no son en absoluto infrecuentes.

Juan C. Meléndez, Judit Llopis, Isabel Marti-Hoyos, Carmen Bueno, Encarnación Satorres, Iraida Delhom, Determinantes de la soledad no deseada en los adultos mayores: un análisis de factores psicológicos y sociodemográficos, Revista Española de Geriatría y Gerontología, Volume 60, Issue 5, 2025, 101670, ISSN 0211-139X,
https://doi.org/10.1016/j.regg.2025.101670.

Los autores de este estudio, abordan los factores asociados a la soledad en los adultos mayores de 65 años residentes en España, analizando tanto variables sociodemográficas (edad, nivel educativo, estado civil) como psicológicas, específicamente la sintomatología depresiva y las dimensiones de la desesperanza. Se diferenciaron los participantes según su puntuación en las escalas de soledad, clasificándolos como aquellos con puntuaciones que sugieren una situación problemática en términos de soledad y aquellos que no alcanzaron este umbral, lo que sugiere un riesgo más bajo de experimentar soledad no deseada. Los resultados señalaron que un mayor nivel educativo se asocia con una menor probabilidad de experimentar soledad, mientras que la edad avanzada y los síntomas depresivos y las altas expectativas negativas aumentan significativamente esta probabilidad. Los resultados indican que, en esta muestra de adultos mayores, la edad avanzada se asocia con una mayor probabilidad de experimentar soledad. Este hallazgo es consistente con estudios previos28 que han señalado que cuando se analiza la trayectoria de la soledad a lo largo del ciclo vital, esta no presenta una relación lineal sino en forma de «U» donde los niveles de soledad son altos en jóvenes menores de 30 años para ir descendiendo en la adultez y, una vez superada esta etapa, vuelven a incrementarse siendo cada vez más altos durante el envejecimiento. Este incremento coincidente con la parte ascendente de esta «U» en la vejez es coherente con el resultado obtenido en este estudio ya que se ha comprobado que según aumenta la edad de los adultos mayores la probabilidad de soledad no deseada se incrementa significativamente…

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